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Pescado Rabioso Artaud

El tercer y último disco de Pescado Rabioso. En realidad, este disco lo grabo Spinetta junto con otros músicos (no los de pescado) porque cuando iban a grabarlo el grupo se separo y quedo el Flaco solo. Este disco fue una forma de decir que Pescado Rabioso era Spinetta en escencia. De Pescado 2 a Artaud hay un gran cambio en la música de Spinetta, se observa a el Flaco como luego va a ser en Invisible.

01.Todas Las Hojas Son Del Viento
02.Cementerio Club
03.Por
04.Superchería
05.La Sed Verdadera
06.Cantata de Puentes Amarillos
07.Bajan
08.A Starosta, El Idiota
09.Las Habladurías del Mundo

“¿Acaso no son el verde y el amarillo cada uno de los colores opuestos de la muerte, el verde, para la resurrección y el amarillo para la descomposición y la decadencia?”
Antonin Artaud
(carta a Jean Paulhan, París, 1937)

Pescado Rabioso es una idea musical creada en 1971 por Luis Alberto Spinetta. A través de esta idea tocaron en grabaciones y actuaciones los siguientes músicos: Juan Carlos Amaya, Osvaldo Frascino, Carlos Miguel Cutaia y David Oscar Lebón.
Los músicos que aparecen en este disco sólo están ligados a la idea Pescado Rabioso por las circunstancias de la grabación y a expreso pedido de Luis Alberto Spinetta.

Informe frío:
Todas las palabras y las músicas de este disco pertenecen a Luis Alberto Spinetta.
Spinetta ejecuta guitarras acústicas y eléctricas, voz, maracas y platillos.
En “Cementerio club” y “Bajan” participan Carlos Gustavo Spinetta en batería y Emilio Del Guercio en bajo.
En “Superchería” y “Las habladurías del mundo” participan Rodolfo García en batería, cencerro y coros y Emilio del Guercio en bajo y coros.
Efectos: Juan Carlos Robles Robertone en “La sed verdadera”. Norberto Orliac y Pedro en “A Starosta, el idiota”.
Tapa original: Juan O. Gatti sobre diseño de Luis Alberto Spinetta.
Bagajes: Gito
Ingeniero: Norberto Orliac.

Rodolfo García y Emilio Del Guercio aparecen, además, por cortesía de “Aquelarre”.
Este LP se denomina “Artaud” porque está dedicado a Antonin Artaud, poeta francés (1895-1948).
Producido por Luis Alberto Spinetta –1973– Buenos Aires.

Antes que nada un indice para ubicarse bien:
si la letra de la cancion esta de este color, es porque la cancion esta buena. si esta de color normal, la cancion es normal Spinetta. y si esta de este color, es porque es medio mala

Calificacion del disco:8+/10
1) Todas Las Hojas Son Del Viento
2) Por
3) La Sed Verdadera
4) Bajan
5) A Starosta, El Idiota
6) Cementerio Club
7) Superchería
8) Cantata De Puentes Amarillos
9) Las Habladurías Del Mundo

Mejor tema: Cantata de puentes amarillos

Bueno, bueno, bueno... ¿Qué pasó aquí? ¡Estoy comentando sobre un álbum argentino! Pues ocurre que este álbum argentino en particular es bastante bueno así que no tengo ningún problema en agregarlo a mi página, a ver si le sacamos un poco esa mala costumbre de puro rock anglosajón. En fin, Artaud es el último álbum de la banda argentina Pescado Rabioso, cuyo más conspicuo integrante es el Flaco Luis Alberto Spinetta, uno de los dos o tres cantantes y compositores más renombrados del rock argentino. Para estas alturas, la banda (que incluía a gente como Juan Carlos Amaya y David Lebón), estaba prácticamente disuelta y en rigor el álbum es puro Spinetta solista. Solo bien solo está el pobre Flaco, apenas asistido por algunos músicos de sesión que no tienen demasiado que ver con Pescado Rabioso y que tampoco tocan mucho. Como sea, el talento compositivo de Spinetta y su calidad interpretativa bastaron y sobraron para hacer un buen disco como Artaud, que aún hoy sigue siendo la opción más popular como mejor álbum de rock argentino.
Musicalmente Artaud está lejos de ser muy elaborado, y tampoco es tan rockero como los trabajos previos del grupo (Desatormentándonos): casi lo único que escuchamos de principio a fin es a Spinetta armado de una somera guitarra acústica o un piano, cantando en forma de balada sus hermosas poesías surrealistas. Los arreglos son despojados, acústicos en su mayor parte y sin ornamentos excesivos. Cada tanto florecen algunas buenas guitarras eléctricas para agregar color al asunto, pero nunca se descontrolan más de lo normal. La sencillez del álbum nos regala un momento intimista y nocturno, en el cual Spinetta y su guitarra nos llevan de la mano por un extraño universo creativo de laberintos sombríos, imágenes surreales y densas atmósferas líricas. Para serles sinceros la cosa no llega a volarme la cabeza, porque la mayoría de las canciones no son exactamente lo mejor jamás escrito, pero las poesías son intrigantes (aún sin tener demasiado sentido), las melodías no convencionales te envuelven como un humo enigmático, y las delicadas líneas de guitarra, cargadas de tintes de jazz y bossanova, son atrapantes. Es un gran álbum realmente; un trabajo único en su tipo... No es para regodearse con virtuosismos, sudar de rock ni atragantarse de ganchos, sino más bien para reflexionar, dejarse ir, hundirse en la melancolía de una noche sin eventos, una noche más de una vida rutinaria. Eso sí, la extraña y ocasionalmente desafinada voz de Spinetta puede requerir cierta aclimatación, pero una vez que te acostrumbrás no pasa nada, la disfrutas como a cualquier otra.
De entrada arrancamos con uno de los highlights absolutos, el clásico Todas Las Hojas Son Del Viento, con esa melodía fantástica en la cual Spinetta canta con varios doblados de su propia voz; el tema es muy sencillo y cien por ciento acústico hasta que al final aparece un simplísimo, pero resonante, solo de guitarra eléctrica para llevar la balada a su rápida conclusión. Temazo. Luego tenemos un pequeño boceto acústico en Por, cuya letra consiste en una repetición de diferentes palabras inconexas (Clavo, coito, Dios etc.) que si bien no genera ningún tipo de coherencia, al menos produce algunas combinaciones interesantes de escuchar. Claro, es relleno, relleno obvio, pero no tiene nada de horrible o pesado y se termina antes de llegar a los dos minutos. Mucho mejor es la balada La Sed Verdadera, cuya combinación de acordes menores te sumerge en una atmósfera mágica, secreta, de esas que te hipnotizan y te impregnan de sentido aunque no sepas bien qué sentido es exactamente.
De pronto algo sucede. Spinetta se cansa de las guitarras acústicas y ceba un poco de distorsión para regalarnos la soberbia Bajan, una balada cuyo romántico estribillo es el mejor de todo Artaud; es de esos que los escuchás por primera vez y ahí, en ese momento, te das cuenta que es un clásico. También son dignas de mención las fluidas líneas de bajo y además, cuando llega el solo eléctrico del final, tenés un pasaje musical digno de una obra maestra. Es en este punto que el álbum se subsume casi sin decirlo en un túnel de oscuridad; las guitarras dejan lugar a un piano que, martillando secamente unos acordes, introduce una bellísima melodía vocal que está para recortarla y pegarla en un cuadrito sobre la pared. Se trata de la bizarra suite A Starosta El Idiota (no hay relación con Starostin). En cuando Spinetta canta su enigmático y proverbial "Vámonos de aquí", la cosa degenera en un collage de zumbidos y sampleos varios (incluido un sonoro She Loves You directamente de los Beatles). Luego hay un pequeño fragmento acústico que oficia de breve puente hacia la melodía principal. Es lo más raro y experimental del álbum, lo cual no quita que su melodía en la parte de balada sea de las mejores.
A continuación tenemos el melancólico y lánguido ensayo de puro blues Cementerio Club, con un bajo terriblemente penetrante que hace que las paredes de mi cuarto retumben como en un terremoto. También unas económicas líneas de guitarra que ofrecen el principal atractivo melódico de toda la pieza, donde también pueden escucharse frases como "Qué calor hará sin vos en verano"... Justamente por eso se me pinta en la cabeza una tarde de verano muy triste, solitaria y ociosa, de esas en las que no hay nada para hacer ni nadie con quien conversar. Triste, muy triste. Superchería arranca con tarareos de una HERMOSA (Hermosísima) melodía, pero en seguida se revuelve en un filoso (aunque no tan impresionante) rocker, para volver con unas líquidas guitarras eléctricas y después, inesperadamente, derivar en un groove bien jazzero ("Cuando te das cuenta que es tu amigo quien te da la mano"). Es una de las características del álbum; todas o casi todas las canciones son como mini-suites repletas de ritmos de ideas melódicas. Entretenido, digo yo.
La que no es ninguna mini-suite, sino que es una SEÑORA SUITE es Cantata De Puentes Amarillos, que ahora mismo y con los ojos cerrados nombro como la mejor canción aquí. Es que en nueve minutos se deslizan hacia nuestros oídos todo tipo de increíbles cascadas acústicas, melodías de ensueño, improvisaciones jazzeras y destilaciones del más puro surrealismo. Una auténtica maravilla que transcurre de principio a fin sin el más mínimo atisbo de aburrimiento, logrando que los nueve minutos se me hagan demasiado cortos. Unos fraseos de guitarra acústica nos abren la puerta... y una vez que el Flaco canta "Todo camino puede andar", arrancan esos hermosos acordes que nos meten de lleno; estamos adentro, ya nos rodea y la noche es fría. De improviso algo ocurre, hay una interrupción anunciada por unos golpeteos y florece como si nada un fenomenal blues ("Sube al taxi nena") que va humeando paso a paso, ritmo a ritmo, entibiándonos la sangre. Nuevamente los golpeteos sobre la madera de la guitarra, y arranca una melodía musitada sin palabras, una melodía completamente nueva allanando el terreno para algo, algo como ese tremendo rasguido acústico que desgarra la noche como un velo, mientras tintinean las maracas. La última parte de la suite es quizá la más fascinante de todas; de pronto nace una virulenta guitarra eléctrica garabateando una de las melodías más espectaculares y misteriosas que oí salir de ese instrumento. Y así, mientras el Flaco canta "Ya es mañana" y la guitarra sigue con su marcha marcial, se termina. Imposible que sean nueve minutos, sencillamente imposible.
Viene otro clásico en Las Habladurías Del Mundo, un semi-rocker alegre y con más adrenalina, que tiene una de las estructuras rítmicas más entretenidas que he escuchado y que a través de sus fluidas plataformas eléctricas va anunciando que Artaud llega a su ocaso. Realmente se trata de un álbum ÚNICO que vale la pena al menos un puñado de oídas. La riqueza expresiva y musical de la obra es innegable, y creo que Antonin Artaud (pionero del movimiento surrealista) tuvo en manos de Spinetta un muy buen homenaje... un homenaje en forma de poesía que navega entre gradientes acústicas y sutiles reacciones melódicas. No, no es la más grande obra maestra de la humanidad ni nada que se le parezca, pero qué va! Todas las canciones son buenas y algunas, en su intencional y descarnada falta de espectacularidad, llegan a ser espectaculares. ¿Paradoja? Compruébalo por ti mismo.

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